Intervención familiar: asesoramiento, terapia familiar y de pareja.

 

ASESORAMIENTO FAMILIAR

Asesoramiento en situaciones específicas del ciclo vital de una familia: Formación de una familia, decisión de ser padres biológicos o adoptantes,  adaptación de cambios sociales y situaciones nuevas (perdidas de familiares, situaciones económico-laborales), apoyo en las distintas etapas del desarrollo de los hijos… etc.

TERAPIA FAMILIAR

Esta intervención posibilita aprovechar los recursos y fortalezas de los miembros del sistema familiar. Favorece el apoyo emocional y la comprensión mutuos y permite desarrollar nuevas capacidades y habilidades de resolución de problemas. Puede ser especialmente oportuna ante situaciones vitales estresantes, dificultades asociadas a los cambios del ciclo vital y problemas de salud mental o física infanto-juvenil y de adultos.

 

TERAPIA DE PAREJA

La intervención en la terapia de pareja busca promover estrategias que mejoren y potencien el vínculo relacional, favoreciendo la comunicación, la expresión emocional, intentando desarrollar la empatía mutua y la capacidad de toma de decisiones, reforzando el vínculo o bien posibilitando una separación saludable.

 


Historia de la Terapia Familiar

Ya a principios de siglo XX existían varias formas de consejo matrimonial y orientación infantil que incluían en el tratamiento a otros miembros de la familia, pero el foco estaba puesto en la comprensión del problema del individuo y facilitar su tratamiento. A finales de los años treinta y principio de los cuarenta, se crean en los EE.UU. las primeras asociaciones familiares bajo el nombre de AAMFT (American Association for Marriage and Family Therapy).

Desde el enfoque psicoanalítico Freud desaconsejaba explícitamente todo contacto entre el analista y la familia del paciente. Adler (1870-1937) hablaría de constelación familiar para aludir al peso que tiene el orden de nacimiento en el desarrollo psicológico del individuo, pero sería Ackerman quien, con su artículo La familia como unidad social y emocional (1937), sería considerado como el precursor de la terapia familiar, afirmando que las actitudes actuales de los miembros de la familia pueden influir en los síntomas de uno de los miembros.

A partir de algunas aportaciones desde la Psicología Social, autores neopsicoanalistas aportaron conceptos relevantes para la terapia familiar: Fromm-Reichman (1948), con el concepto de “madre esquizofrenógena” y Rosen (1953) con el concepto de “madre perversa”. Más tarde, Lidz introduciría la importancia del papel del padre en las familias de los pacientes esquizofrénicos.

La teoría del apego de Bowlby (1907-1990) también estaría a caballo ente lo intrapsíquico y lo sistémico, aunque sólo estudió la relación madre-hijo. Bell, más tarde, desarrolló los trabajos de Bowlby con los miembros de la familia del niño, viéndolos de forma conjunta. Bowen definió que las variables emocionales de la familia subyacerían al funcionamiento del sistema y las variables relacionales determinarían el modo en el que se expresan las emociones.

El hito que marcó el nacimiento del modelo sistémico en terapia familiar es atribuido al antropólogo Gregory Bateson (Hospital de Palo Alto, California) y su formulación de la Teoría del doble vínculo junto a Don Jackson (1954), fruto de la investigación sobre la comunicación entre el esquizofrénico y su familia.

En 1959, Don Jackson funda el Mental Research Institute (MRI), primer centro que presentó programas de formación en terapia familiar. Más tarde se incorporarían Paul WatzlawickJay Haley y John Weakland y se mantuvieron contactos regulares con Milton Erickson. Sostienen que el funcionamiento familiar se organiza en torno a reglas y que la disfunción emerge cuando éstas se tornan ambiguas y el sistema se desorganiza.

En 1962, Ackerman y Don Jackson fundan la revista Family Process, contribuyendo a consolidar la terapia familiar y que se convierte en un órgano de comunicación científica fundamental para el modelo sistémico. En los años sesenta, Salvador Minuchin inicia un proyecto de investigación con familias multiproblemáticas de bajo nivel social (emigrantes puertorriqueños), a partir del que desarrolló un estilo particular de terapia familiar, conocido hoy día como Escuela Estructural.

En 1967, WatzlawickBeavin y Jackson publican el libro Teoría de la Comunicación Humana: Interacciones, patologías y paradojas, que marcó un importantísimo hito para la terapia familiar sistémica, pues constituye la primera obra que articula conceptualmente la práctica clínica de la terapia familiar con la Teoría General de Sistemas y la pragmática de la comunicación.

En 1958, Laing comienza a trabajar con familias de esquizofrénicos en la Tavistock Clinic de Londres (Ochoa de Alda, 2004) y a principios de los años sesenta, Howells publica los resultados de su trabajo con familias en Inglaterra, corroborando los que se estaban llevando a cabo en Estados Unidos.En 1967, M. Selvini-Palazzoli funda la Escuela de Milán junto a L. BoscoloG. Cecchin y G. Prata. Así, en los años setenta, el enfoque sistémico se ha consolidado en el ámbito de la terapia familiar y comienza un período de proliferación de escuelas.

¿Cuándo es recomendable  acudir a  Terapia Familiar?

1)   Cuando hay un menor que presenta síntomas

Desde mi formación como Psicóloga Especialista en Psicología Clínica entiendo que en todos los casos en los que un menor presenta dificultades crecientes o sintomatología clínica es recomendable trabajar desde un enfoque familiar.

Esta sintomatología puede incluir: trastornos de ansiedad, estrés, miedos, fobias, trastornos depresivos, bipolar, hiperactividad, alteraciones de conducta, violencia, alteraciones del sueño(insomnio, hipersomnia), de la alimentación, trastornos psicosomáticos (asma, diabetes, cefaleas, dolor), mutismo selectivo, trastornos del vínculo, adicciones, fracaso escolar, maltrato, acoso escolar/bullying, abuso sexual, etc.

Tanto en el ámbito público como en el privado, en muchas ocasiones se atiende a los menores de forma individual sin incorporar al sistema familiar. En estos casos, los resultados de la intervención serán mucho más limitados.

Si bien hay casos en los que habrá combinar un espacio individual para el menor con un espacio familiar, éste último es el que va a permitir conseguir una mejoría terapéutica a largo plazo.

2)   Cuando, siendo todos adultos, hay uno o varios miembros de la familia con dificultades a nivel emocional o la dinámica familiar es dañina.

La Terapia Familiar no está indicada exclusivamente en relación a menores, sino que también puede ser recomendable en otras situaciones. Por ejemplo, puede ser beneficiosa en casos donde uno o varios miembros de la familia está acudiendo a tratamiento psicológico y/o psiquiátrico.

Este tratamiento puede estar en relación a problemas de personalidad, del estado de ánimo(depresivo o bipolar), de alimentación (anorexia, bulimia, trastorno por atracón, obesidad) y síntomas psicóticos (esquizofrenia, trastorno delirante), entre otros.

En muchas ocasiones el nivel de conflictividad y tensión familiar es muy elevado, siendo frecuente la sensación de no entenderse, los reproches, el miedo, la violencia…

En estos casos la Terapia Familiar puede ayudar a favorecer la expresión y regulación emocional en un contexto de contención emocional, facilitar el entendimiento, llegar a acuerdos y favorecer una relación más saludable entre todos.

¿Qué beneficios terapéuticos tiene la Terapia Familiar?

  • Ayuda a tomar conciencia de la responsabilidad y necesidad de un cambio en la dinámica familiar.
  • Aumenta la capacidad de la familia de detectar las necesidades y dificultades de los menores
  • Facilita una vinculación emocional saludable a través de vínculos de apego seguro (abordar la sobreprotección, estilos educativos coercitivos o pasivos…)
  • Potencia habilidades parentales y de crianza apropiadas, apoyando el ejercicio de un rol parental saludable para el sistema familiar
  • Ofrece nuevos modelos de relación
  • Disminuye el nivel de hostilidad implícito y explícito
  • Disminuye las situaciones de violencia verbal y física
  • Mejora la capacidad de comunicación
  • Permite elaborar una narrativa familiar conjunta
  • Permite clarificar y ajustar roles familiares, favorece la posibilidad de mostrar otros roles en la dinámica familiar
  • Facilita ajustar las expectativas de cada miembro de la familia
  • Aumenta la capacidad de detectar y expresar necesidades en uno mismo y en los demás
  • Facilitar vínculos de confianza: facilita actuaciones desde un clima familiar de respeto
  • Disminuye el nivel de estrés familiar